Miles de euros para las familias que se muden de Tokio a los pueblos vaciados de Japón

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La Mirada del Corresponsal

El gobierno de la capital dará un incentivo de un millón de yenes (7.000 euros) por hijo a las familias que dejen el área metropolitana y se muden a lugares arrasados por la despoblación

Una casa abandonada en Okutama (región de Tokio).
Una casa abandonada en Okutama (región de Tokio).James Whitlow DelanoCONTACTO

Actualizado

Casa vieja de 150 metros cuadrados, cuatro habitaciones, dos baños, un balcón con vistas a los campos de arroz y un jardín de estilo japonés, con rocas, grava, faroles y arces. Está en Okutama, un municipio a 80 kilómetros al oeste de Tokio. Precio: gratis. Es más, las autoridades locales ofrecen hasta subsidios de 500.000 yenes (3.500 euros) para la renovación de la vivienda.

Eso no es todo. Pongamos que los interesados son una familia numerosa que vive en Tokio. Pues ahora, el gobierno de la capital acaba de anunciar un incentivo de un millón de yenes (7.000 euros) por hijo para aquellas familias que dejen el área metropolitana y se muden a lugares arrasados por la despoblación como Okutama, que llegó a tener el siglo pasado casi 15.000 habitantes y una lucrativa industria maderera. Pero el negocio cayó a finales de la década de 1990 y los jóvenes se marcharon a la ciudad. Hoy, apenas cuenta con 5.000 vecinos, la mayoría jubilados mayores de 65 años.

En Okutama, donde 400 de sus 3.000 casas están desocupadas, al igual que en tantos otros municipios y aldeas de Japón, existe lo que se llama un “banco de akiya” -o casas fantasmas-, que conecta a las familias que se quieren mudar al mundo rural con las muchas propiedades que están vacías.

Algunas casas, como la citada en Okutama, se regalan, mientras que en otros lugares el Estado ha sido quien las ha comprado a sus propietarios y las vende por apenas 500 euros. Ese es el precio de una casa con siete habitaciones que aparece en el banco de akiya de la ciudad central de Nagano, donde también están ansiosos por llenar todas sus casas vacías.

Este 2023, según un informe de la firma de investigación Nomura, Japón cuenta con aproximadamente 11 millones de residencias desocupadas. Cerca de la mitad de los más de 800 municipios del país fueron designados por el Gobierno central como total o parcialmente despoblados. Las previsiones para antes de 2040 no son buenas: casi un tercio de las unidades de vivienda podrían estar vacías.

Los pueblos japoneses, como otros de muchos países, demandan habitantes. El éxodo rural comenzó en la década de 1960 con el cambio del carbón al gas natural como principal fuente de energía eléctrica para los hogares. Muchas aldeas de montaña dependían de la extracción de carbón para obtener ingresos, y esa pérdida significó una huida masiva de trabajadores en busca de oportunidades laborales en las grandes ciudades, cuya proximidad a los pueblos ayudó a acelerar la transición.

En el Japón rural se extiende el fenómeno de las casas vacías mientras que, en el área metropolitana de Tokio, donde viven más de 14 millones de personas (aunque el total en la metrópolis asciende a casi 37 millones, un cuarto de la población total, lo que convierte a Tokio en la ciudad más grande del mundo) lo que necesitan es que la gente se marche de allí para descongestionar un poco la ciudad. Ahí está el germen de la idea de ofrecer dinero a las familias por marcharse, un incentivo que ya existía, pero ahora la tarifa ha aumentado 700.000 yenes más a pesar de que en 2021 la población de la capital cayó por primera vez.

El gran problema del envejecimiento

Al millón de yenes por hijo, hay que sumar otros tres millones de yenes (alrededor de 21.000 euros) que pueden solicitar como ayuda financiera algunas familias de los 23 distritos centrales de Tokio que se quieran mudar al campo, aunque para recibir esos pagos deben vivir en sus nuevos hogares durante al menos cinco años y un miembro de la familia debe estar trabajando de forma remota o tener un negocio en su nueva residencia. La mitad del efectivo provendrá del Gobierno central y de la otra parte se hace cargo la administración local.

Los medios japoneses han señalado que estos incentivos buscan también que muchas familias jóvenes ayuden a revitalizar las provincias fuera de la capital, que tienen un gran problema con el envejecimiento de la población en un país con la tasa mundial más alta de personas mayores de 65 años.

El envejecimiento se prolonga mientras que la caída de población registra nuevos récords cada año. El último dato señala que, el año pasado, en Japón vivían 644.000 personas menos que el curso anterior. Esos son las estadísticas oficiales, que dicen que la tasa de natalidad es la más baja desde que se tienen registros en 1899, mientras que el número de ancianos que superan los 100 años están por encima de los 90.000. Echando la vista medio siglo atrás, apenas eran 150.

Casi el 30% de la población de la tercera economía mundial tiene más de 65 años, mientras que la proporción de personas de 15 a 64 años, las que se consideran en edad de trabajar, se situó en un mínimo histórico del 59,4%. En cuanto a la tasa de fecundidad, el número promedio de hijos que tiene una mujer a lo largo de su vida, disminuyó por sexto año consecutivo a 1,3. Se espera que, para 2065, según el Instituto Nacional de Población y Seguridad Social, la población caiga de los 125 millones actuales a un estimado de 88 millones. Para ese año, las previsiones siguiendo la tendencia actual apuntan a que la vida en casi un millar de pueblos por todo el país habrá desaparecido.

Source: elmundo.es