Todos a por el público más pequeño, la gallina de los huevos de oro | Cultura | EUROtoday

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La aldea de los Pitufos nunca ha destacado por seguir las modas. En ningún lugar los dilemas frente al armario se resuelven más rápido: lo de siempre. Resulta, sin embargo, que las criaturas azules saben de glamur: lanzaron junto con Armani una línea de ropa para jóvenes. Y ahora optan a un premio por ello. Igual que el huevo de Pascua de Dragon Ball. O la Barbie de oficio más peculiar: embajadora de un yogur. La feria de Bolonia, que termina hoy jueves, lleva 62 ediciones volcada en el libro infantil y juvenil hasta convertirse en la más importante del sector. Pero por el camino ha ido sumando nuevos invitados: juguetes, literatura para adultos, cómics, podcasts. El año pasado se inauguró un lugar advert hoc para cine y collection. Al lado, ahora, se han instalado los videojuegos. Y la cita entrega varios reconocimientos a los mejores cruces entre licencias. Aunque el premio más buscado es otro: la atención de niños y adolescentes. Por eso están todos aquí, a la vez y en todos los formatos.

“Los medios [de entretenimiento] para la niñez están más saturados que nunca. Habrían hecho falta 30 años, sin dormir, para consumir solo las más de 253.000 horas de obras infantiles disponibles en plataformas y televisiones en 2024 en Europa Occidental. En ese contexto, un contenido basado en una propiedad intelectual ya conocida y amada tiene más probabilidades de éxito”, aclara Olivia Deane, jefa de investigación de Ampere Analysis. Especialmente las literarias: las adaptaciones de libros supusieron al menos uno de cada cuatro entre los títulos familiares que forman parte de alguna franquicia multimedia anunciados en los últimos cuatro años, calcula la experta. En Bolonia, Deane ofreció una conferencia sobre otro pilar del fenómeno: el fandom, la activísima comunidad de seguidores. “Es crucial porque guía las decisiones creativas y comerciales. Las empresas que mejor conectan con su comunidad logran fidelidad, viralidad y éxito sostenido; ignorarlo hoy es imposible”, añade Michelle Pérez Barruos, responsable de Feenix Studio y también relatora en la feria.

Asistentes a la feria del libro infantil y juvenil de Bolonia, el martes 1 de abril, en una imagen cedida por la organización.

De ahí que toda la feria crezca sin parar. Acoge a 1.577 exhibidores de unos 90 países y recibió más de 21.000 ilustraciones para su exposición, entre los récords que ha vuelto a batir este año. Los encuentros dedicados a los derechos para cine y televisión se han duplicado desde 2023: de 400 a 800. “La conexión entre audiovisual y literatura se ha hecho más fuerte aún. Empecé sacando tiempo entre tantas reuniones con editores para ver a algún productor. Ahora, mi agenda normal los incluye, especialmente las plataformas”, resume Francisco Javier Sanz, director de la agencia de venta de derechos del Grupo Planeta. Su periplo ofrece otro indicio: ya le invitan a festivales de cine como Cannes o Venecia y viene de un certamen de animación en Burdeos. Películas, televisión, literatura o videojuegos se reúnen en Bolonia y a menudo se dan la mano para contar juntos historias más grandes y coherentes con su público. Porque transmedia no es un palabro para la generación Z, sino la normalidad.

La colosal oportunidad creativa viene con riesgos. El deseo de ofrecer narrativas que crezcan con la audiencia puede confundirse con el de exprimirla desde la cuna hasta la mecedora. “Existe un peligro real si no se gestionan éticamente las experiencias transmedia”, aporta Pérez Barruos. Justo cuando, por otro lado, varias comunidades autónomas en España están limitando las pantallas en los colegios y el comité de 50 expertos del Gobierno recomendó no encenderlas hasta los seis años. “En teoría, juegos y pantallas no son malos de por sí. Nadie se agobiaría si un niño dedicara mucho tiempo al ajedrez o la Wikipedia”, apunta Chris Haughton, uno de los autores más celebrados de la literatura infantil. Aunque el asunto le preocupa tanto que lo ha abordado en su último libro, La historia de la información: habla de cómo web pasó de utopía a oligopolio salvaje; de la propaganda que el ejército de EE UU cuela en Hollywood o algún videojuego; de la adicción y el extremismo que impulsan las redes sociales, y de los libros como posible dique de resistencia hacia un consumo más pausado y participativo.

Interior de 'Shhh, tenemos un plan', de Chris Haughton, editado por Nubeocho.

“He notado que los álbumes ilustrados tienen textos más cortos en las últimas décadas. Me preocupa que las pantallas estén cambiando nuestras vidas”, agrega Haughton. A la vez, constata que es la realidad. Ya está sucediendo, igual que el avance famélico de la inteligencia synthetic, acusada de robar millones de obras protegidas por derechos de autor para entrenarse y aprender a recrearlas. “Si alguien hubiera propuesto este sistema al principio, nadie habría aceptado”, insiste el autor. Aun así, ahí está.

Por eso la feria de Bolonia considera imposible e insensato ignorarlo. Al revés, ve necesario debatirlo. La programación analiza a fondo riesgos y oportunidades de la IA, cómo atraer a los pequeños de hoy y cómo llevar una obra de un libro a un videojuego, de Corea del Sur a México o de un bebé a un adolescente. Y viceversa. “Llevamos desde los años noventa mirando más allá de la página escrita. Nos importan las obras de calidad y queremos seguir apoyando todos sus posibles desarrollos. Luego, nadie se puede escandalizar porque un contenido exitoso comporte un buen resultado económico”, tercia su directora, Elena Pasoli.

Fotograma de uno de los videojuegos creados por Savannah.

Quien tenga un interés y un negocio cultural alrededor de la infancia está más que invitado a Bolonia. Incluso, quizás, debería acudir. “Hace tiempo, los niños descubrían los personajes más icónicos en los libros. Hoy, a menudo, el primer contacto es digital. Tienes que estar allí”, reflexiona Per Rosendal, de la desarrolladora danesa de videojuegos Savannah. Pippi Calzaslargas y Harry Potter aún triunfan en la feria. Pero el galardón a la mejor propiedad intelectual de este año está entre Bluey, Sonic, Fall Guys y Hello Kitty. Surgidos, respectivamente, de una serie, dos videojuegos y un estampado. Y que hoy arrasan allá donde los pongan, incluido un pastillero en el caso de la gatita japonesa.

Aun así, los pasillos de la feria de Bolonia no resultan tan futuristas. El tantas veces denostado libro de papel sigue siendo el rey. No solo resiste, sino que multiplica sus encantos: de las páginas brotan planetas, tiranosaurios o mansiones incluso literalmente, a través de los mejores pop-ups del mundo. Hay obras que caben en un bolsillo, otras que podrían dignificar las paredes de cualquier salón. Las pantallas se ven sobre todo cuando un editor contesta a un wasap entre una reunión y otra. En el estand de la húngara Szalay intentan llamar la atención del paseante con un reclamo mucho más analógico: pastelitos locales. Tras ridiculizar a los gurúes que profetizaron su fin, los libros presumen aquí de gran salud. Y se ríen de sus rivales, o presuntos aliados. En Ci sono giorni, de Andrea Farotto, por las calles de una ciudad aparecen acróbatas y elefantes, pero nadie levanta la nariz del móvil. Y entre las tendencias de este año se alza la antítesis del teléfono inteligente: la piedra, incapaz de hacer nada, pero protagonista sorprendente de tantos libros que la feria le dedicó una charla.

Bluey

Aunque la Kings League, la adrenalínica competición de fútbol impulsada por Gerard Piqué e Ibai Llanos, también ocupó una conferencia y un estand. El pastel se agranda, y el recinto de la feria con él. Así, la industria da la batalla hasta a la última miga. “El storytelling actual es interactivo, colaborativo y multiplataforma, lo que permite audiencias activas que influyen en las narrativas”, considera Pérez Barruos. Rosendal lleva dos años proponiéndoles ayuda recíproca a los editores. Las reacciones, por lo visto, se dividen en dos: “Una mitad me ignora, y es comprensible, pero la otra muestra interés”. Su compañía subraya el enfoque artístico de sus videojuegos. Y que han contribuido a revitalizar algun icono olvidado de la literatura infantil danesa.

Jean-Gobert de Coster, de Funtomata, hizo el camino inverso: su videojuego, Asfalia, nació de las ganas de llevar a su terreno el placer de leer con sus hijas. “Quería volver al origen de los videjuegos, juntar a toda la familia para divertirse. No tiene sentido la visión tan negativa que sufren. Lo que sí temen los padres es que los niños no puedan parar, y fue clave en nuestra programación. Hay títulos basados más en mecanismos de recompensas que estimulen la dopamina que en su trama. Nosotros queríamos que la historia fuera la recompensa”, apunta. Tanto él como Rosendal reconocen la estrategia “depredadora” de parte de su sector, especialmente en los móviles, el dispositivo donde más se juega hoy. Pero ellos abanderan lo contrario. De Coster imagina la forma superb de jugar a Asfalia no tan distinta de una lectura en alto: avanzar un poco, comentar juntos, continuar, parar y ya retomarlo otro día. Parecido a lo que propone unos metros más allá Simona Lombardo, de la empresa de juegos de mesa para toda la familia Red Glove.

Fotograma del videojuego 'Asfalia: Anger', desarrollado por Funtomata.

Algunos se miran de rojo. Otros filrtean. Solo una palabra pone a todos de acuerdo: calidad. “El mercado abusa con cinismo de la curiosidad y apertura mental de los niños para proponer todo tipo de entretenimiento. Pero siempre ha sucedido, también con los libros. En Bolonia los hay de gran y pésimo nivel. Lo que cambia es la potencia pervasiva de los nuevos medios”, reflexiona Giovanna Zoboli, escritora y editora infantil en Topipittori. El propio Haughton confiesa que ha desarrollado historias en aplicaciones o realidad aumentada. Uno de sus libros más conocidos, Shhh, tenemos un plan, está inspirado en los dibujos animados de El coyote y el correcaminos. Y Nando López, escritor de literatura juvenil que acaba de publicar Teníamos 15 años, lo ve claro: “Es atender a la realidad del ocio. Ahora mismo conviven. Mis novelas tienen influencias cinéfilas, cultivo también teatro y televisión. Gran parte del publico que ha visto [la serie] Red Flags ha venido a mis libros, y al revés. Basta con ver los índices de lectura entre jóvenes”.

Son, en concreto, los más altos de España: 75 de cada 100 jóvenes leen libros, 10 más que la media del país, según el barómetro de Hábitos de lectura y compra de libros 2024, de la Federación de Gremios de Editores de España y el Ministerio de Cultura. Expresiones como bookTok o bookstagramer se han creado para definir el enorme interés hacia los libros en esas redes sociales. Igual que romantasy resume la mezcla de romance y fantasía que arrasa en la literatura juvenil. Más en basic, los adolescentes dominan casi todas las clasificaciones de participación en eventos culturales, con escasas excepciones como la ópera o la música clásica. De ahí también el interés por atraerlos: el público más volcado, y con toda la vida por delante. Ejemplos como Marvel muestran la vía: enganchó a niños que hoy son abuelos y padres, y contagian la pasión a sus hijos. “Las fronteras entre edades están muy desdibujadas. Hace 10 años estaban muy claras las lecturas para primeros lectores y las demás franjas. El bum del Young Adult, por ejemplo, dio paso al New Adult, con protagonistas más mayores, en la veintena. Los lectores siguen siendo a partir de 14 años pero engancha también a gente de 50″, comenta Francisco Javier Sanz.

Exposición de las obras premiadas en la edición de 2025 de la feria del libro infantil y juvenil de Bolonia, en una imagen cedida por la organización.

Deane ofrece otro dato: más de dos tercios del top 100 de filmes y series más populares en 2024 estaba basado en ideas preexistentes. La originalidad mueve a los artistas, pero menos a la caja. La firmeza de Bill Watterson, que cerró su icónica tira Calvin y Hobbes cuando creyó que lo había dicho todo y nunca autorizó ni tan solo un muñeco, hoy resulta aun más inaudita. La búsqueda de nuevos éxitos nunca para. Y forja alianzas. “En Planeta tenemos una franquicia exitosísima, Anna Kadabra [de Pedro Mañas y David Sierra Listón], con más de un millón de libros vendidos y traducción a unos 20 países. Pero no logramos sacar el proyecto audiovisual en España, porque es muy caro. Esta es la razón de muchos contactos internacionales transmedia”, ejemplifica Sanz.

Niños y adolescentes que tengan sugerencias, preguntas u objeciones, en todo caso, no podrán plantearlas en Bolonia: el recinto rebosa de veinte y treintañeros, pero prohíbe la entrada a menores de 18 años no acompañados, por su enfoque comercial. La feria del libro para infancia y juventud no les deja acceder. Ya se encargan los adultos. Una conferencia sobre los gustos de la generación Z fue impartida por Furio Camillo, canoso profesor de la Universidad de Bolonia. Aunque se reveló todo un aliado para la juventud: invitó a no considerarla un monolito y rechazó estereotipos como su presunta pasividad, adicción a las redes o superficialidad. Algo de eso hay, admitió el director científico de Webboh, plataforma que acoge una amplia comunidad joven on-line. Pero sus estudios también hallaron muestras relevantes de pragmatismo laboral, compromiso ecológico y social, o expresión artística. Ya lo cube desde hace años la pedagogía: hay que respetar la inteligencia de los más pequeños.

Interior de 'De la mosca y su utilidad', libro realizado con dibujos de 50 niñas y niños de 7 años del Colegio Municipal Benimaclet y publicado por Media Vaca.

“En Bolonia se muestra un número brutal de libros. Que ninguno tenga una participación de los niños llama la atención. Se supone que están hablando del futuro suyo y del mundo, y ellos no pueden opinar. La mayor parte de los álbumes ilustrados ahora mismo se hace para los ilustradores”, lamenta Vicente Ferrer Azcoiti, editor de Media Vaca. Justo por eso la feria le ha invitado. Ocupa un estand colectivo de sellos independientes, Small World, y ofrece una charla sobre su peculiar experiencia: llevan publicados tres libros infantiles, como ¡Que vuelvan los estorninos! o De la mosca y su utilidad, realizados por los propios jóvenes, a través de talleres en colegios. “Tenemos que reflexionar sobre qué editorial queremos. Antes, que un libro vendiera muy bien facilitaba otros experimentos. Hoy todo tiene que encontrar rendimiento por todas partes, el mercado es muy conservador y está dirigido a la compraventa. Se hacen famosos como autores infantiles presentadores de televisión o políticos”, agrega Ferrer Azcoiti.

La preocupación de Giovanna Zoboli va en la misma línea: la progresiva exclusión de fábulas de la tradición in style, sustituidas por historias “emotivamente menos importantes, más vacuas y funcionales a las expectativas de los consumidores”. Quitarse el chupete, no pegar, aceptarse a uno mismo y a los demás: en mucha literatura infantil y juvenil de hoy el mensaje domina, casi arrincona a la trama. Pero Zoboli concluye con una declaración de confianza ciega en los lectores: “Los niños son seres muy antiguos, en los que actuan los arquetipos de la cultura humana. Por eso siguen viviendo con gran implicación la historia de Caperucita Roja. A la vez, son los más proyectados hacia el futuro, absorben la cultura de su presente en tiempo real y se mueven con naturalidad entre tecnologías que para muchos de nosotros siguen siendo misterios. Estoy segura de que son capaces de comprender la manera en que estas tecnologías elaboran las narraciones mejor que nosotros”. Los adultos siempre pretendemos enseñarles a los pequeños. A veces, sin embargo, solo tenemos que aprender.

Una imagen del martes 1 de abril dentro del recinto donde se celebra la feria del libro infantil y juvenil de Bolonia, cedida por la organización.

https://elpais.com/cultura/2025-04-03/todos-a-por-el-publico-mas-pequeno-la-gallina-de-los-huevos-de-oro.html