La imagen hace enmudecer a cualquiera. Un cohete descomunal se levanta lentamente hacia el cielo en completo silencio, en una tarde de clima perfecto, mientras espesas nubes y brillantes llamaradas salen de su cola. Pasan segundos eternos hasta que se escucha el primer rugido de los motores, después transformado en una atronadora sucesión de explosiones mientras la lanzadera está ya muy alta en el cielo azul, y los periodistas gritan y vitorean a los cuatro tripulantes de la primera misión a la Luna en más de medio siglo.
A las 18:35 de la tarde, hora native, ha despegado el Sistema de Lanzamiento Espacial, el cohete tripulado más potente de la historia. Los cuatro astronautas de la misión Artemis 2 han salido con éxito completo, y ya se encuentran en el espacio. Por delante les queda una misión de unos 10 días en los que viajarán hasta el satélite sin aterrizar, pero contemplando su cara oculta para después regresar a la Tierra.
“Hoy tenemos una preciosa luna llena y nos dirigimos directos a ella”, ha dicho el comandante de la misión Reid Wiseman durante el ascenso. Junto a él viajan el piloto Victor Glover y los especialistas Christina Koch y Jeremy Hansen.
Cuando la nave Orion ya se había perdido de vista, aún se apreciaba un punto blanco como suspendido en el cielo: la primera etapa del cohete ya gastada en su caída hacia el océano.
El objetivo de esta misión, con una duración de unos 10 días, es viajar hasta la Luna sin aterrizaje, dar una vuelta por su cara oculta —unas horas en las que los cuatro de Artemis podrán contemplar con sus ojos accidentes geográficos nunca antes vistos por humanos— y regresar después hacia la Tierra con el objetivo de caer en el océano Pacífico, si todo sale según lo planeado. Es la primera visita humana al satélite desde el Apolo 17 en 1972.
Steve Nesius (REUTERS)
Esta misión es histórica por muchas razones. Koch es la primera mujer que viaja a la Luna. Glover, el primer negro, y el canadiense Hansen, la primera persona no estadounidense que hace este viaje. Estos cuatro astronautas, todos militares menos Koch, y todos ellos titulados con grados en Ciencia, serán los primeros que pongan a prueba sistemas cruciales para los futuros viajes a la Luna, como el sistema que provee aire, agua, climatización y purificación del aire. Artemis 2 es el primer paso de un plan recién desvelado por la NASA para establecer colonias permanentes en la Luna a partir de 2032, en apenas siete años.
Es un objetivo tan ambicioso como político que sigue las directrices marcadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En su mente, Estados Unidos tiene que ser el país dominante tanto en la Tierra como en el espacio, una declaración de intenciones para ganarle la carrera espacial a China, que pretende aterrizar en la Luna con astronautas antes de 2030. El hermetismo de la dictadura china inquieta a Washington y a la NASA, que recela de que puedan estar más adelantados de lo que parece y lleguen antes que ellos.
Momentos antes del lanzamiento, Trump publicó en redes un mensaje que deja clara su perspectiva sobre esta carrera: “Estamos GANANDO: en el espacio, en la Tierra y en todo lo que hay entre medias —económica y militarmente, y ahora, MÁS ALLÁ DE LAS ESTRELLAS. ¡Nadie se acerca! Estados Unidos no solo compite, DOMINA, y el mundo entero está mirando”.
La nueva conquista de la Luna sucede en un ambiente de crispación global. Al igual que hace más de 50 años con Vietnam, Estados Unidos vuelve a estar en guerra, contra Irán, un conflicto que está sacudiendo los cimientos de la prosperidad mundial. En una entrevista con EL PAÍS, la administradora asociada en funciones de la NASA, Lori Glazer, explicó que espera que Artemis 2 no tenga nada que ver con la guerra y que la misión sea “un rayo de esperanza para todo el mundo”.
Alrededor de las dos de la tarde, hora local, los cuatro astronautas han salido del edificio de alojamiento ya vestidos con sus vistosos trajes naranjas, que llevarán durante todo el despegue. Glover, Koch, Wiseman y Hansen se han despedido de sus familias a una distancia de un metro aproximadamente, mientras decenas de periodistas retrataban el momento. “Puede que a vosotros os llueva, pero el tiempo parece bueno para nosotros”, le ha dicho Hansen a una de sus hijas. ”Os quiero, nos vemos en 10 días“, ha añadido antes de montarse en la furgoneta que lleva a los tripulantes hasta la rampa de lanzamiento.
Unos minutos antes, Mark Kelly, astronauta, senador demócrata, y posible candidato a disputarle la presidencia a Trump en 2029, hablaba sobre la contradicción de que su país mande una misión a la Luna mientras libra una nueva guerra en Oriente Medio. “Es un contraste. Por un lado, estamos haciendo algo bueno para la humanidad”, ha explicado. Por otro, “no estoy de acuerdo con la guerra del presidente en Irán. Estamos mucho peor que en febrero”.
Es la primera vez que el imponente cohete SLS, más alto que una torre de 30 pisos, lleva humanos a bordo. El mastodóntico cohete encendió sus cuatro potentes motores RS-25 —reacondicionados de los transbordadores espaciales que dejaron de funcionar hace 15 años— y tardó unos ocho minutos en propulsar la nave Orion hasta la órbita terrestre, escapando del empuje de la gravedad del planeta.
Después del despegue, los astronautas de Artemis 2 tienen previsto desabrocharse los cinturones, quitarse las escafandras para vestir algo más cómodo y comenzar a hacer todas las comprobaciones necesarias para saber si todo funciona como es debido. Una de las primeras tareas es asegurarse de que hay agua y de que el retrete funciona —es la primera vez en la historia que una nave hacia la Luna lleva un baño independiente con puerta—.
El piloto Glover tiene previsto tomar los mandos de la nave —será el primer astronauta de la historia que lo haga con la Orion— y ensayará una maniobra de acercamiento y alejamiento de una de las etapas del cohete que habrá quedado suspendida en órbita terrestre. Es un ensayo general de las maniobras futuras que tendrán que hacer los astronautas de Artemis para acoplar su nave a los módulos de aterrizaje lunar, que después se llevarán hasta el satélite. Estos módulos son un componente fundamental para que la NASA pueda cumplir su objetivo marcado de aterrizar con astronautas en el polo sur de la Luna en 2028. Esos módulos, y los potentísimos cohetes necesarios para ponerlos en órbita, los deben fabricar dos empresas que compiten por ser las favoritas de la NASA: SpaceX, propiedad del hombre más rico del mundo, Elon Musk, y Blue Origin, del dueño de Amazon, Jeff Bezos. Una de las primeras cosas que sorprende al visitante al llegar a las inmediaciones del Centro Espacial Kennedy son las enormes plantas, naves industriales y rampas de lanzamiento que ambas empresas están construyendo aquí.
Si todo va bien, en el segundo día de misión, la especialista Koch, exploradora, ingeniera y física estadounidense de 47 años, preparará todo para uno de los momentos más críticos de la misión: el encendido de los motores que darán a la Orion un empuje equivalente a acelerar un coche de cero a 100 kilómetros por hora en menos de tres segundos. Ese impulso llevará a los tripulantes de la Artemis en un vuelo directo hasta la Luna, por cuya gravedad quedarán atrapados, lo que les permitirá circunnavegar su cara oculta. En ese momento se estarán yendo a otro mundo, y los cohetes responsables de ello son parte del Módulo Europeo de Servicio.
Este gran componente de la misión, que aporta el oxígeno, el agua y la propulsión a la nave Orion, ha sido construido por empresas espaciales europeas coordinadas por la Agencia Espacial Europea con Airbus como contratista principal. Es la primera vez en la historia que la NASA se fía de empresas extranjeras para desarrollar componentes esenciales para sus viajes tripulados. Europa ha construido o está terminando de construir otros cuatro módulos, además del que ya voló en la misión no tripulada Artemis 1 y el que vuela ahora en la Artemis 2. La aportación española a cada módulo se sitúa en torno a los tres millones de euros, según el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, con componentes desarrollados por compañías como Crisa, GMV o Alter.
El viaje a la Luna es como subir una cuesta y después bajarla. La primera parte es comparable a un ascenso que cada vez es menos empinado, pues la atracción terrestre va suavizándose minuto a minuto. En el quinto día de misión, la Artemis 2 llegará a lo más alto de este periplo y pasará a bajar una cuesta cada vez más pronunciada: la nave estará ya bajo la influencia gravitacional de la Luna.
El sexto día llegará el clímax. Los cuatro astronautas de la Artemis 2 comenzarán a sobrevolar la cara oculta del satélite. Probablemente podrán ser los primeros en contemplar zonas de la cara oculta de la Luna que nunca antes han sido vistas por ojos humanos. Cada uno de ellos tomará imágenes y vídeos durante las horas en las que la nave sobrevolará la superficie lunar a una distancia de unos 7.000 kilómetros. El satélite tendrá entonces un tamaño similar al de un balón de baloncesto sostenido con el brazo extendido. La comunicación con la Tierra quedará interrumpida durante unos 40 minutos hasta que la nave emerja de nuevo por el otro lado del satélite.
En el séptimo día, llegará el momento de máximo alejamiento de la Tierra: a casi 406.840 km de distancia, nuevo récord para un vuelo tripulado. La nave Orion abandonará la zona de influencia lunar y se dirigirá a casa. En los dos días que quedarán de viaje espacial, los tripulantes seguirán probando sistemas críticos, como los trajes presurizados, y preparándose para la reentrada en la atmósfera terrestre, que llega en las primeras horas del décimo día.
Este será el momento más peligroso del viaje junto al despegue. La Orion llega a la Tierra a unos 40.000 kilómetros por hora, una velocidad de Mach 32, imposible de alcanzar para cualquier avión supersónico terrestre. Los astronautas, ya enfundados en sus trajes presurizados, experimentarán fuerzas de hasta seis veces la gravedad terrestre.
La Orion debe orientarse para llegar con un ángulo de inclinación muy preciso. El objetivo es evitar que el escudo térmico que protege a la nave, que se calentará a miles de grados por el rozamiento con el aire, pueda desprenderse y provocar problemas graves, una de las mayores pesadillas de la NASA, que no olvida la tragedia del Columbia en la que murieron siete astronautas en 2003 por fallos en la cubierta térmica.
Los cuatro de la Artemis 2 tienen previsto caer al Pacífico cerca de la costa de San Diego, en California, donde les estará esperando el barco de rescate de la NASA. El siguiente paso será la misión Artemis 3, que orbitará la Tierra para probar las naves de aterrizaje lunar desarrolladas por los magnates tecnológicos estadounidenses. En 2028, Estados Unidos espera mandar dos misiones de aterrizaje en la Luna. La primera, Artemis 4, debe llevar a la superficie del satélite a la primera mujer y a la primera persona no blanca de la historia, aunque este objetivo se ha desdibujado desde la llegada de Trump a la Casa Blanca en 2025.
https://elpais.com/ciencia/2026-04-01/el-cohete-mas-potente-jamas-construido-lanza-a-los-cuatro-astronautas-de-artemis-2-hacia-un-viaje-historico.html