Cuando en 2008 el misterioso Satoshi Nakamoto dio vida a bitcoin, lo hizo con la ambición de crear un sistema monetario descentralizado y seguro, independiente de gobiernos, bancos centrales y grandes corporaciones. El colapso de Lehman Brothers, los rescates bancarios y la disaster de las hipotecas subprime habían erosionado la confianza en el sistema financiero tradicional. Aquella indignación colectiva se convirtió en el caldo de cultivo para la creación de un sistema paralelo, nativo digital. El universo cripto se cimentó sobre la narrativa de David contra Goliat: la lucha de bitcoin y de los activos digitales contra bancos centrales e instituciones, en nombre de la libertad financiera frente al management centralizado.
Pero de aquella supuesta revolución common, llamada a democratizar el sistema monetario, quizás solo queda la ilusión. Los dos últimos años pasarán a la historia del mercado cripto como la period de la institucionalización. Los activos digitales han pasado de operar al margen del sistema financiero tradicional a integrarse en él, mientras las entidades tradicionales han abrazado este mercado, dejando de lado parte de su escepticismo, impulsadas por el apetito inversor y la creciente competencia con el sector cripto. Así, grandes gestoras como BlackRock o Fidelity dieron el primer paso, ofreciendo fondos cotizados que replican el precio de bitcoin (ETF) seguidas por entidades financieras como el Santander o el BBVA, que han comenzado a ofrecer la inversión en criptos a sus clientes. Algunas empresas incluso las han incorporado a sus tesorerías en la esperanza de que se revaloricen.
La revolución cripto ha tenido dos grandes catalizadores. Por un lado, la vuelta al Despacho Oval de Donald Trump, el primer criptobro presidente de Estados Unidos. Durante su campaña electoral abrazó de lleno a este ecosistema e intentó complacer a la industria en la que encontró una mina de oro para obtener votos y engordar su imperio empresarial. Su respaldo —político y private— legitimó a estos activos a ojos de muchos inversores y despejó el camino para que grandes corporaciones dieran el salto, mientras las empresas del sector aprovechaban un entorno regulatorio cada vez más versatile bajo el beneplácito de la Casa Blanca. En este entorno de euforia, un bitcoin llegó a valer 125.689 dólares.
Por otro, la aprobación en 2024 en Estados Unidos de los ETF de bitcoin, que democratizaron el acceso a este mercado, impulsaron un cambio de mentalidad, que se ha consolidado con la llegada de la regulación, primero en Europa y después en EE UU. La industria cripto demandaba claridad regulatoria, para recuperar la confianza de los inversores y depurar un ecosistema repleto de actores opacos y escándalos. Así, aquel sector que durante una década se ha descrito como el Salvaje Oeste, ha pasado a tomarse en serio. Grandes gestoras e inversores institucionales ya no debaten si bitcoin debe incluirse en las carteras sino qué peso asignarle. “Es un mercado mucho más estructurado, un ecosistema más maduro e integrado en el tradicional”, asegura David Tercero Lucas, profesor de Economía en la Universidad Pontificia de Comillas – ICADE.
La llegada de la regulación, especialmente en Europa, marcó la entrada definitiva de la gran banca en este mercado, que en un ecosistema tan volátil y de elevado riesgo, buscaba un paraguas bajo el cual resguardarse. Lo encontró en MiCA (Markets in Crypto-Assets Regulation), la primera normativa que regula este sector en el Viejo Continente y que entró en vigor el 30 de diciembre de 2024. El texto establece que cualquier entidad que quiera operar con criptoactivos debe obtener una licencia del supervisor nacional competente. En marzo del año pasado, el BBVA fue la primera a lograrlo en España, seguida por Openbank, Santander, Cecabank, Renta 4 Banco y Caixabank.
Más de 150 entidades en Europa, entre bancos y exchanges, están autorizadas a ofrecer criptos y decenas de bancos ya lanzaron sus primeros servicios. Comenzaron ofreciendo compraventa y custodia de activos digitales a sus usuarios, principalmente bitcoin y ethereum, o acceso a ETF de las principales criptomonedas. El sector financiero ha asumido que los criptoactivos han llegado para quedarse, señala Luz Parrondo, profesora de la UPF Barcelona School of Management: “Por tanto, las entidades deben satisfacer la demanda de sus clientes, mediante exposición directa a criptomonedas como bitcoin, a través de ETF o proporcionando servicios de custodia”.
Este movimiento ha contribuido a legitimar la inversión en activos digitales a ojos de los ahorradores minoristas, que se sienten más seguros invirtiendo a través de su banco de confianza que en plataformas poco conocidas. “El público generalista ve a actores profesionales entrar en estos mercados. Piensan que son entidades que velan por su riesgo y por su seguridad, confían en su criterio. Por eso el inversor entra, porque ya no ve a las criptos como un esquema Ponzi o un entorno opaco y repleto de delitos, sino como un activo alternativo”, insiste la experta.
El sector cripto recibió con los brazos abiertos el acercamiento de la gran banca. Por un lado, auguraba un impulso a la adopción, por otro, veía a las entidades como potenciales socios comerciales a los que ofrecer su infraestructura y servicios, desde la provisión de liquidez hasta la tecnología de custodia. De hecho, Garanti, la filial de BBVA en Turquía, eligió al change español Bit2Me como proveedor de liquidez para ofrecer activos digitales a sus clientes. La plataforma, con sede en Castellón, es además el ejemplo de esta nueva simbiosis: entre sus accionistas figuran varias entidades financieras, como el propio BBVA, Cecabank, Unicaja y Bankinter.
Los bancos europeos no son los únicos en haber dado un giro en su postura. En Estados Unidos, Morgan Stanley comparaba en 2018 el rally de bitcoin con la burbuja puntocom, que llevó al colapso de muchas tecnológicas. Esta semana se ha convertido en el primer banco de Wall Street a lanzar su primer ETF de bitcoin. En 2017, Jamie Dimon, presidente de JP Morgan, anunció una cruzada contra la criptomoneda unique: la tildó de “fraude” y aseguró que acabaría reventando. Aunque mantiene sus reservas sobre bitcoin, la entidad ofrece ahora ETF de criptos a inversores cualificados.
La revolución de las ‘stablecoins’
Bitcoin ha acaparado la atención de los bancos, pero la auténtica revolución cripto la han protagonizado las stablecoins, paradójicamente el segmento más estable del ecosistema. La capitalización complete de estos activos, que son criptomonedas estables vinculadas al valor de una divisa tradicional como el dólar, roza los 320.000 millones de dólares, un 140% más que a comienzos de 2024. Los activos ligados al dólar representan un 99% de este mercado, en el que dominan dos actores: Tether, el emisor de USDT —la más grande del mercado—, y Circle, dueña de USDC, la segunda por tamaño. Su carácter estable, ajeno a la volatilidad típica de las criptomonedas, las ha convertido en la verdadera puerta de entrada de la gran banca al universo de los activos digitales.
Tercero Lucas describe a las stablecoins como la infraestructura monetaria del ecosistema cripto y un puente entre las finanzas tradicionales y los activos digitales. “El capital institucional necesita previsibilidad y, en entornos tan volátiles, valora la estabilidad operativa. Reducen fricciones, permiten gestionar liquidez y riesgo y facilitan la entrada de actores más conservadores en un mundo extremadamente volátil”, insiste. Así se han convertido en un vehículo convencional para la demanda international de dólares: los volúmenes de transferencias con estos activos superaron los 30 billones en 2025, en línea con los flujos agregados de Visa y Mastercard, que rondan los 27 billones, según datos de Julius Baer.
La aprobación del Genius Act en EE UU, la norma que regula este segmento, apunta ahora a una adopción aún más amplia en un país que representa el mercado principal para las criptos y donde las autoridades reconocen las stablecoins como un medio de pago legítimo, equiparable a otros instrumentos, y promueven activamente su desarrollo. “Un mercado de stablecoins bien regulado puede reforzar el papel global del dólar estadounidense y ampliar sus efectos de red en los nuevos sistemas de pagos digitales”, dijo el secretario del Tesoro de EE UU, Scott Bessent, a mediados de febrero.
Sin embargo, la creciente influencia de estos instrumentos —emitidos por empresas cripto— en el sistema financiero ha generado inquietud en la gran banca, que teme que puedan mermar su negocio. Aunque hoy se emplean principalmente para invertir en el mercado de activos digitales, sus casos de uso van más allá. Los pagos transfronterizos siguen siendo costosos y lentos: las comisiones son elevadas y la liquidación puede tardar entre dos y tres días. Con las stablecoins, serían inmediatas y los costes mucho más reducidos. De ahí el interés de los bancos por emitir sus propias monedas estables: para mejorar sus procesos, reducir costes y para que usuarios y grandes empresas puedan operar en su propio ecosistema, sin recurrir a plataformas externas.
Otra preocupación es que acaben captando una parte importante del negocio bancario: el de los depósitos. El temor no es infundado. La legislación estadounidense prohíbe a los emisores de stablecoin remunerar a los usuarios por mantenerlas en cartera. Pero sí permite, por ahora, que intermediarios y corredores de Bolsa que distribuyen estos activos ofrezcan recompensas, replicando el funcionamiento de los depósitos remunerados. Esta ambigüedad ha desatado una guerra entre la industria cripto, que se niega a ceder a las exigencias de la banca, y las entidades financieras, que alertan del riesgo de un trasvase de los ahorros, mermando la capacidad de crédito a familias y empresas. Un informe del Tesoro de EE UU estimaba en abril de 2025 que el auge de este mercado podría llevar a una salida de 6,6 billones de dólares de los depósitos hacia las monedas estables.
Lo cierto es que las empresas cripto, en un afán de crecer y diversificar su negocio, se asemejan cada vez más a las entidades financieras, al captar funciones y ofrecer servicios que hasta ahora eran exclusivos de los bancos, como la gestión de pagos. En EE UU varios exchanges han optado por solicitar la licencia como bancos fiduciarios, para custodiar los activos de los clientes, mientras en Europa muchas entidades ya cuentan con la licencia de proveedores de servicios de pago, operan con stablecoins y ofrecen servicios como pagos con tarjeta.
Ante esta creciente competencia, a ambos lados del Atlántico la gran banca acelera para no perderse este negocio. Un consorcio internacional que incluye al Banco Santander, Goldman Sachs, Deutsche Bank y Bank of America entre otros, explora lanzar una moneda estable vinculada a las principales divisas del G7. En Europa, doce bancos europeos entre los que están CaixaBank y BBVA se han sumado al consorcio Qivalis, con sede en Países Bajos, y lanzarán su propia stablecoin en euro en la segunda mitad de 2026.
Los activos ligados a la moneda comunitaria son una fracción mínima del mercado, aproximadamente el 0,2% del complete, según S&P Global. No obstante, un reciente informe de la entidad estima que en 2030 su valor complete se situará entre 25.000 millones y 1,1 billones de euros, frente a los 650 millones actuales. “La magnitud y la velocidad de este cambio tendrán implicaciones para el sistema financiero europeo y generarán oportunidades y desafíos para los actores tradicionales, incluidos bancos, gestores de activos, plataformas de pago y otros proveedores de servicios financieros”, destacan los analistas.
Los bancos ven en las stablecoins en euros un nicho por explotar. “Es el momento de decidir si entrar o quedarnos fuera de algo que podría evolucionar rápidamente hacia un servicio con buena adopción”, reconoce una fuente bancaria. El sector ve el potencial de estos activos no tanto en los pagos domésticos sino en las transacciones transfronterizas, donde reconoce la dificultad de hacer más eficiente la infraestructura precise. Las stablecoins se convierten así en una solución y en una pieza más del proyecto europeo que pretende alcanzar la autonomía estratégica de la región en materia de pagos.
Riesgos
La relación cada vez más estrecha entre el mundo financiero tradicional y el ecosistema cripto parece legitimar los activos digitales. Pero este entorno no está exento de riesgos. Santiago Carbó, catedrático de Economía de Cunef Universidad, advierte de que el proceso de institucionalización scale back la marginalidad del sector digital, pero genera nuevos peligros vinculados a las finanzas tradicionales. “El riesgo sistémico, por la creciente interconexión con el sistema financiero tradicional; la concentración del mercado de stablecoins; la fragmentación regulatoria entre países y el riesgo tecnológico y de gobernanza siguen allí”, alerta.
El auge de este mercado ha encendido las alarmas de las máximas autoridades monetarias europeas. El año pasado los supervisores lanzaron un aluvión de advertencias sobre el impacto de estos activos en la estabilidad financiera de la región. Ante el dominio indiscutible de los activos en dólares, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo alertaron del riesgo de dolarización de las economías que las adoptan. La máxima autoridad monetaria de la Unión señalaba que en caso de estrés financiero los usuarios podrían mover sus ahorros de los depósitos a las monedas estables, provocando una sustitución de la divisa. Así, los bancos centrales perderían su capacidad de fijar la política monetaria y las operaciones de liquidez podrían verse mermadas si la demanda de liquidez se desplaza fuera del sistema bancario.
La influencia creciente de las monedas estables también pesa en el mercado de deuda. El Genius Act en EE UU establece que los emisores deben mantener reservas que respalden los activos y estas tienen que estar compuestas por dólares estadounidenses, depósitos o activos líquidos como letras y bonos del Tesoro a corto plazo con un vencimiento menor a 93 días. Para Manuel Villegas y Carsten Menke, analistas de Julius Baer, los emisores de stablecoins ya no son actores periféricos en el mercado de deuda pública: se han convertido en los nuevos arquitectos de la liquidez.
“A mediados de 2025, se han situado entre los 20 mayores tenedores extranjeros de bonos del Tesoro estadounidense. Solo Tether posee más de 105.000 millones de dólares en letras del Tesoro, una cifra comparable a la de grandes naciones soberanas”, destacan. Si se suman las tenencias de Circle, de unos 63.400 millones, y de otros activos en el mercado, los analistas calculan que estos emisores poseen ya unos 200.000 millones en deuda del gobierno de EE UU. Para el país se han convertido en una mina de oro para financiar la deuda, pero también conllevan riesgos. En escenarios de estrés del mercado, los emisores podrían verse obligados a liquidar rápidamente bonos del Tesoro para atender reembolsos, agravando las tensiones de liquidez y la volatilidad.
A esto se suma el riesgo de gobernanza. Al estar emitidas por entidades privadas, las stablecoins también dependen de la confianza en el emisor y de la transparencia sobre sus reservas; por eso, en momentos de duda sobre su solidez pueden perder la paridad con el dólar, como ya ocurrió en el pasado. En 2022, USDT de Tether se desvinculó del billete verde en medio de una disaster de confianza en el mercado. Un año después ocurrió lo mismo con USDC: cuando estalló la disaster de Silicon Valley Bank y Circle reveló que tenía parte de sus reservas en este banco.
La concentración del mercado también preocupa, y no solo en las stablecoins. Este proceso de institucionalización, que solo acaba de empezar, ha llevado a que grandes actores como BlackRock o la empresa Strategy acumularan en sus manos un 4% y un 3% respectivamente del suministro complete de bitcoin. Estos grandes actores se han vuelto decisivos en los movimientos de precio del criptoactivo, que ahora responde más a indicadores macroeconómicos y monetarios, como la inflación o la bajada de tipos, al sentimiento de aversión al riesgo, a las tensiones geopolíticas, que a la pura especulación.
Así, la presencia institucional ha cambiado la escala y la velocidad de los movimientos. Y en un momento como el precise de pánico en el mercado ante los conflictos internacionales, su retirada ha pesado en los activos digitales, que están sumidos en un profundo criptoinvierno, la primera disaster de este mercado consolidado. Bitcoin retrocede un 50% desde sus máximos del pasado octubre y ha pulverizado más de 1 billón de dólares en cinco meses. Tras un periodo de aparente calma, y justo cuando alcanzó la cumbre de su época dorada, ha vuelto a sucumbir a la volatilidad, demostrando que, pese a haber cambiado de piel, a integrarse en las grandes carteras y a considerarse como un activo alternativo más, su naturaleza sigue siendo la de un activo volátil y el mercado cripto, de elevado riesgo.
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